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El santuario, Dios y nosotros

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Cuando Moshé le transmite al pueblo de Israel las órdenes de Dios referentes al Mishkán, el Tabernáculo del desierto, qué hacer y cómo hacerlo, la Torá repite los mismos datos de los que ya había hablado diez capítulos antes. La parashá Va-iakhel parece copiar de forma rutinaria la parashá Terumá.

Sin embargo, hay una pequeña omisión, una pequeña frase que Moshé no transmitió:

Ve-asú li mikdash ve-shajantí betojam”, “Me harán un santuario y residiré entre ellos” (Éxodo 25:8).

¿Cómo es posible que algo tan importante, el motivo y la meta mismos de la construcción del Tabernáculo, se le haya escapado a Moshé de la memoria?

Quizás no se le olvidó.

Quizás Moshé nos dio la interpretación de lo que tiene que ser esta construcción.

Veamos: Dios le dijo a Moshé, antes de darle la lista de lo que hay que construir: “Me harán un santuario y residiré entre ellos”. Y Moshé, antes de transmitirle al pueblo las instrucciones de la construcción, les dijo: “Durante seis días se hará la labor, pero en el séptimo día habrá para vosotros algo sagrado (“ihié lajem kódesh”)” (Éxodo 35:2)

Moshé no dice que el séptimo día habrá de ser sagrado, sino que EN el séptimo día (“U-VAiom hashevií”) habrá para vosotros algo sagrado (“ihié lajem kódesh”).

Ese es el santuario, el Mikdash (Kodesh y Mikdash derivan de la misma raíz en hebreo) que hay que construir para que Dios esté entre nosotros, Ese es el verdadero Templo ambulante, el verdadero lugar sagrado. No es un lugar físico: es el Shabat,  una isla dentro del tiempo construida con nuestra alma, poniendo entre paréntesis la semana de corridas, de preocupaciones, de deseos, y dando lugar a una dimensión diferente, que nos revela su sacralidad.

Moshé nos enseña que la orden de Dios: “Me harán un santuario”, quiere decir: “En el séptimo día habrá para vosotros algo sagrado”, que nosotros mismos debemos construir para que Dios residen en medio de nosotros: “y residiré entre ellos”.

Seamos buenos constructores de lo sagrado