“La bondad es la más alta sabiduría”… o no

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Muchas veces recibimos por Internet (en Facebook, o incluso en mensajes de correo electrónico) frases bonitas atribuidas a ciertas personas u obras escritas. Generalmente no nos molestamos en buscar la fuente. Es mucho trabajo. Y, además, ¿a quién le importa?

Sin embargo, deberíamos importarnos. No sólo por la posibilidad de plagio, sino principalmente porque una atribución incorrecta nos lleva a malinterpretar ideas, teorías, escritores, pensadores, religiones, etc.

Hace algún tiempo me topé con un interesante caso así. Una persona recibió una cita popular en inglés, atribuida al Talmud: “The highest form of wisdom is kindness” [“la más alta forma de sabiduría es la bondad”]. La persona buscó la fuente y la cita original, sin éxito. No pudo encontrar nada por el estilo en la literatura rabínica.

Bueno, la razón, simplemente, es que no se trata de un pensamiento judío clásico. No está ni en el Talmud, ni en pensadores judíos posteriores.

La concepción judía de la bondad no la incluye como un tipo de sabiduría; ni la más alta, ni la más baja. La bondad es un don precioso, que no está para nada relacionado con la sabiduría. La sabiduría es intelecto, mientras que la bondad es afecto. Ambos son importantes, pero uno no es la consecuencia del otro.

Los afectos pueden alterar negativamente el conocimiento. Para conocer, se debe permanecer en una situación afectiva neutral.

El intelecto puede alterar negativamente los sentimientos. Para sentir, la experiencia debe ser a través de nuestras facultades no intelectuales.

Las enseñanzas judías hablan del valor de la sabiduría cuando va junto con algo, o bien sin algo: silencio, bondad, humildad, piedad, etc.

Las enseñanzas judías hablan de la necesidad de ser sabio y bueno al mismo tiempo, ya que ambas características son chispas de la imagen divina en nuestras almas.

A continuación les aporto algunas bonitas citas judías, extraídas de la Biblia y de la literatura rabínica, citas que hablan de la sabiduría y la bondad y de la relación entre ambas:

El temor del Señor es lo que instruye la sabiduría, y lo que precede a la honra es la humildad”. (Proverbios 15:33)

Ella abre su boca con sabiduría y la ley de la bondad se encuentra en su lengua” (Proverbios 31:26)

Siete cualidades sirven al Trono Divino: sabiduría, justicia, derecho, bondad, misericordia, verdad y paz” (Avot de Rabi Natán, Cap. 37)

Rava dijo: Así como este dintel indica si la puerta se abre o se cierra, la humildad es la protección de la sabiduría” (Tratado Kalá Rabati 3:3)

El adorno de la Torá es la sabiduría; el adorno de la sabiduría es la humildad; el adrono de la humildad es el temor de Dios; el adorno del temor de Dios es el cumplimiento de los mandamientos; el adorno del cumplimiento de los mandamientos es la modestia” (Tratado Dérej Eretz 4:4)

Rav Zutra bar Tuvia dijo en nombre de Rav: “El Universo fue creado con diez elementos: sabiduría, comprensión , conocimiento, fuerza, admonición, poder, justicia, derecho, bondad y misericordia” (Talmud babilónico, tratado Jaguigá 12a)

Rava solía decir: la meta de la sabiduría es el arrepentimiento y las buenas acciones” (Talmud babilónico, tratado Berajot 17a)

Una persona debe primero hacer buenas acciones y luego pedirle a Dios el conocimiento de la Torá; debe hacer lo correcto y justo y luego pedirle a Dios sabiduría; debe actuar con modestia y luego pedirle a Dios la capacidad de comprender” (Eliahu Raba 6, loc. “Ma zakha”).

Pues bien, “la más alta forma de sabiduría es la bondad” no es una cita talmúdica, no es judía. ¿De dónde viene, entones?

Es de origen español cristiano. Se encuentra en “Excelencias de San Pedro, príncipe de los apóstoles”, Libro III, Cap. 6 (pág. 287), escrito por Don Juan de Palafox y Mendoza, obispo español y virrey de Nueva España del Siglo XVII.

La cita es parte de su exégesis a Marcos 10:17: “llegó uno corriendo y, arrodillándose delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?

Don Juan se pregunta por qué el hombre llamó a Jesús Maestro y no Señor. Explica que es un consejo para que los príncipes elijan a sus ministros de manera correcta para sus cargos: “Si ha de ser maestro, sabiduría, y con ella la bondad; si no es maestro, la bondad es muy alta sabiduría”.

En el índice del libro (pág. 578), bajo la palabra “Sabiduría“, se encuentra la cita que luego fue traducida al inglés: “La bondad es la más alta sabiduría“.

Entonces, la próxima vez que reciban una bonita frase atribuída a alguien (Jesús, Gandhi, Marx, Kant, el Talmud, Confucio, etc.), no digan simplemente: “¡Qué lindo! ¿Qué importa quién lo escribió realmente?” Busquen quién es el autor. El y ella se lo merecen… y la fuente mal citada, ¡lo merece también!

Parshat Koraj

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El tema de Koraj y su revuelta contra Moshé y Aharón me parece importante en lo que toca a la reacción del pueblo de Israel a sus palabras.

No cabe duda de que podemos comprender la queja de Koraj. Lo que plantea es aparentemente simple y da que pensar: “Absolutamente toda la congregación es santa y el Señor está entre ellos. ¿Por qué os erigís por sobre la comunidad del Señor?” (Num, 16:3).

Él le exigió a Moshé que deje de señorear y que comparta el poder de manera equitativa con todo el pueblo. Exigió democracia, pues todos pueden y tienen el derecho de gobernar.

Esta demanda es justa, no sólo a nuestros ojos modernos. También debería haber sido así para Moshé, quien cierto tiempo antes rechazó el celo de Josué por el poder y no detuvo a Eldad y Meidad, que quedaron profetizando en el campamento cuando Moshé y los setenta ancianos estaban fuera. Es más, reprobó a Josué diciéndole: “¿Tienes celos por mí? ¡Ojalá que todos en el pueblo del Señor sean profetas!” (Num. 11:29).

Igualdad y democracia. ¿Qué tiene eso de malo?

El problema es que la frase de apertura de Koraj no es más que un titular en las noticias. El contenido de lo que realmente exigió aparece cuando Moshé lo llama al orden: “¿Os es poco que el Dios de Israel os haya apartado de la congregación de Israel… para que procuréis también el sacerdocio?” (id. 16:9-10).

Lo que Koraj buscaba realmente era más poder para sí mismo y sus camaradas. No le interesaba en absoluto que el pueblo tuviera igualdad de derechos para gobernar. Quería ser Leví y Sacerdote.

Empero, para la opinión pública, él era un héroe que se sacrificaba en beneficio del pueblo. Su discurso y sus acciones eran las de un demagogo, que se aprovecha de la reacción emocional e incontrolada de las masas para conseguir beneficios personales.

El pueblo se extravió en las apariencias de justicia. No evaluó realmente la situación. Si parece que es así, entonces es así.

Ese el meollo del problema en nuestra parashá. El juicio rápido, que sella destinos basándose en una impresión superficial, presagia catástrofes Y efectivamente, eso es lo que pasó: muerte y destrucción.

¿Por qué el tema de Koraj viene justo después de la ordenanza de tztizit (los flecos que se deben poner en los bordes de las ropas)? Hay un midrash que explica que Koraj tomó un talit, un vestido, hecho totalmente de tejélet, el material con el que se debía teñir tan sólo un hilo del tzitzit. Le preguntó a Moshé si, a pesar de ser todo de tejélet, tenía que ponérsele un tzitzit. Moshé le dijo que sí y Koraj, entonces, se mofó de él y de las leyes (Tal. Jer. Sahedrín 10:5 y Bemidbar Rabah Koraj 18:3).

Más allá de este midrash, debemos recordar que un elemento central en el mandamiento de tzitzit es “no os dejéis llevar por vuestro corazón y vuestros ojos, ya que os extraviáis por ellos” (Num. 15:39). El corazón, en la Biblia, simboliza el pensamiento. No dejen que el pensamiento se extravíe por las apariencias que captan los ojos. Examinen, evalúen, disciernan. De eso se trata la santidad. Eso es lo que se nos ordenó hacer.

La historia de Koraj, la reacción del pueblo a discursos demagógicos, es el ejemplo opuesto de lo que la Torá espera de nosotros, de lo que Dios nos ordenó tener presente con la mitzvá de tzitzit. “No os dejéis llevar”; pero el pueblo se dejó llevar, nomás. Se dejaron influenciar por los titulares que vieron sus ojos, quedaron cautivados por la agradable voz del tirano populista que endulza sus palabras con vanidades que suenan lindo. Vanidades que se digieren rápido y que entorpecen el sentido común, la lógica y el examen de la realidad.

¡Ojalá que todos en el pueblo del Señor sean profetas! Profetas y no un rebaño que sigue el canto de las sirenas.

MELIJÁ (salado para hacer casher)

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Pregunta:
Estimado Iosef,
Quería consultarte sobre el tema de melijá (el salado de la carne para hacerla casher)
A) La hajshará (preparación para que sea casher) de la carne no está completa sin la melijá, ¿no es verdad?
B) En caso de haber comprado carne sin melijá, ¿cuál es el procedimiento a seguir?

Respuesta:
Hola,
La carne, para ser casher, debe cumplir con tres condiciones, que deben cumplirse todas, sin excepción:

  1. Provenir de un animal permitido por la Torá para el consumo.
  2. El animal debe ser muerto por shejitá (procedimiento de matanza animal siguiendo las leyes judías)
  3. Casherización”, es decir, la extracción de la sangre residual de los trozos de carne.

Si alguna de estas condiciones no está presente, la carne no es casher. Esto es válido para animales terrestres y aves. Los animales acuáticos, por el contrario, sólo deben cumplir con la primera condición: ser permitidos por la Torá para el consumo.

Hablemos de la “casherización”.
La carne y el pollo deben que pasar por un proceso de extracción de la sangre que quedó “encerrada” (“dam shenivlá”) para ser definitivamente casher y poder consumirla.

Este proceso se llama en hebreo hajshará y se puede hacer de dos maneras: salado (melijá) o asado (tzeliá).

Hoy en día, la mayor parte de las carnicerías casher hacen la hajshará, salando la carne cruda, antes de sacarla a la venta. Sin embargo, siempre hay que preguntar y no dar por sobrentendido que la carne ya está preparada para el consumo casher.

Tanto en el salado como en el asado, el proceso debe permitir que la sangre gotee y caiga en otra superficie, es decir que no retome contacto con la carne. Es decir que la carne debe estar apoyada en una superficie perforada: si es asando al carne, sobre una grilla y que la sangre caiga sobre las brasas o en un recipiente de abajo. Si es salando la carne, sobre una especie de rejilla (madera o metal) o de tabla con canaletas, para permitir que la sangre caiga.

Asado
Se sala un poco la carne y se la pone sobre una fuente de calor fuerte (brasas, fuego a gas, electricidad), sobre una grilla, hasta que cambia de color y después se la da vuelta. La carne puede hacerse en los diversos niveles de cocción normales del asado (jugosa, a punto, seca, etc.)

Se puede asar la carne con cualquier fuente de calor (brasas, gas, electricidad), siempre a condición de que la carne esté apoyada sobre una grilla y que la sangre pueda caer en un recipiente inferior.

Después de asada, la carne se puede también hornear o hervir. Sin embargo, si la carne es asada después de que hubieren pasado 72 horas desde la shejitá, NO se puede hervir u hornear y sólo se puede consumir asada.

Salado (melijá)
Hay dos condiciones previas:

  1. La carne no tiene que haber pasado las 72 horas después de la shejitá. Si las pasó, sólo se puede casherizar asándola.
    Sin embargo, si durante el primer período se la sumergió en agua, sin agregarle aún la sal, se puede extender el período por otras 72 hs. a partir del momento en que se la sumergió. La lógica es que la sangre se seca luego de tres días y ya no se puede quitar por el salado solamente, pero el agua mantiene la humedad de la carne y de la sangre interior.
  2. El hígado NO se puede salar para casherizar. Sólo se utiliza el método de asado para poder consumir el hígado casher (no hay que asarlo a la plancha, porque la sangre que sale queda en la misma superficie que el hígado).

¿Cómo se hace?

  • Se enjuaga bien la carne o el pollo.
  • Se sumerge en agua durante 1/2 hora (que el agua cubra toda la carne).
  • Se la saca del agua y se esparce por toda la superficie una buena cantidad de sal MEDIA (no fina, es decir sal de mesa. Tampoco sal demasiado gruesa. En general, la sal de cocina tiene el granulado necesario). La carne tiene que quedar cubierta con bastante sal, pero por otro lado no tiene que estar “sumergida en la sal”. Es decir, no tiene que estar tan recubierta que sólo se vea la sal.
  • Se la coloca sobre una superficie inclinada, con canaletas o grandes agujeros.
  • El pollo debe ser colocado con la parte cóncava hacia abajo, para evitar que se acumule la sangre en la cavidad.
  • Se pueden poner los trozos uno encima del otro, a condición de que no queden huecos cóncavos en los que se pueda acumular la sangre (ni en el trozo de arriba, ni en el de abajo)
  • Se deja así durante una hora.
  • Después de este período, se lava muy bien la carne para que no le queden restos de la sal utilizada. La carne no debe quedar salada después del proceso.

Las leyes (halajot) sobre el tema se encuentran en:
Shulján Aruj, sección Ioré Deá, capítulos 69 a 78

Una presentación de las diversas posturas halájicas, se encuentra en:
Aruj Hashulján (del rabino Iejiel Mijal Epstein), sección Ioré Deá, capítulos 69 a 78.

Práctica en el judaísmo conservador (la misma que la de los códigos, de hecho):

  • A Guide to Jewish Religious Practice”, Rabbi Isaac Klein, ed. Jewish Theological Seminary of America, 1979, pags. 350-357
  • The Jewish dietary laws”, Rabbis Samuel Dresner & Seymour Siegel, ed. Rabbinical Assembly, 1982, pags. 67-70

 

Parshat Vaigash

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Nuestra parashá contiene un extraño y corto diálogo entre el Faraón y nuestro patriarca Iaacov:

Dijo Faraón a Iaakov: ‘¿Cuántos son los días de tu vida?’. Iaakov le respondió: ‘Los días  de mi morada son ciento treinta años; pocos y malos han sido los días de mi vida, y no han llegado a los días de la vida de mis padres en los días de su morada”. (Gen. 47:8-9). Una respuesta sorprendente para una pregunta en apariencia inocente del Faraón.

Iaakov hace una diferencia entre “vida” y “morada”, si bien la pregunta no apuntaba a eso. Rabí Itzjak Karo, en su comentario “Toledot Itzjak” dice que “morada” se refiere a las vueltas de la vida (“megurim” [=morada] se relaciona con “guerut”, ser extranjero y errante). “Vida”, por otro lado, se refiere a una buena vida. Iaakov deambula como extranjero y los días aparentemente buenos no lo fueron realmente. Rabí Shimshon Rafael Hirsch explica que “vida” es la época en la que se cumple una tarea significativa, mientras que “morada” es la vida en general. Nuestro patriarca siente que su tarea significativa en la vida ha sido pequeña y mala.

Iaakov dice que los días de su vida han sido malos. ¿Malos? ¡Obtuvo una gracia divina que sólo unos pocos elegidos merecen! Logró sobreponerse a muchos obstáculos y a renovar su alma. ¡Por ello Dios le cambió el nombre por Israel! Huyó sin nada y regresó rico y poderoso. Hizo la paz con su hermano y logró asentarse en la tierra de sus padres. Crió doce hijos que siguieron sin excepción el camino de sus patriarcas y fueron fieles a Dios. ¡Ni Abraham ni Itzjak lograron cumplir esta meta! (como prueba están Ishmael, Zimrán, Iokshán, Medán, Midián, Ishbak, Shuaj y Esav). Rencontró a su hijo amado, que consideraba muerto.

¿Acaso Iaakov no es consciente de sus logros? Sí que lo es, los conoce muy bien. Hasta agradece a Dios por ellos: “Pequeño soy para toda la bondad y la veracidad que has prodigado a Tu servidor” (Gen. 32:10). Pero el dolor que hay en su alma no puede ser calmado con los datos positivos de su vida. Hay una diferencia casi abismal entre lo que se ve desde afuera y lo que la persona siente y vive desde adentro. Iaakov tiene una profunda sensación interna de que está mal. Si para convencerlo de que, en realidad, está bien se le muestran todos sus logros, no se hace más que decirle que su sensación no es correcta. ¡Pero él siente algo muy fuerte y manifiesto! Alentarlo de esta manera sólo acrecienta la brecha entre sus mundos interno y externo. Sólo le causa más dolor.

“Pocos y malos han sido los días de mi vida”. Solamente a partir de este punto, y no desde el intento de contradecirlo, es que se le puede ayudar a Iaakov a ver de manera distinta su vida y su alma. Sólo si comprendemos verdadera y sinceramente esta posición dolorosa podremos ayudar a quien nos diga, como Iaakov: pocos y malos han sido los días de mi vida.

Parshat Vayigash

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We find in our parashah a short and strange dialogue between Yaakov and Pharaoh:

Pharaoh said to Jacob: ‘How many are the days of your life?’ Jacob said to Pharaoh: ‘The days of my sojourning are a hundred and thirty years. Few and bad have been the days of my life, and they have not attained to the days of the life of my fathers in their sojourning.’ ” (Gen. 47:8-9). This is a surprising answer to an apparently innocent question.

Yaakov states a difference between “life” and “sojourning”, even though he has not been asked that way. Rabbi Yitzhak Karo, in his commentary “Toledot Yitzhak” explains that “sojourning” refers to the wandering in life (“megurim” [=sojourning] is close to “guerut”, being a stranger and a wanderer), while “life” refers to good life. Yaakov wanders in life and even the time regarded as good was not actually that good. Rabbi Shimshon Raphael Hirsch explains “Life” as the time when there is a meaningful task to fulfill, while “sojourning” means life in general. Yaakov feels that his task in life was little and not good.

He says the days of his life were bad. Bad? He benefited from divine grace in a way only a few chosen merit! He overcame many difficulties and rebuilt himself. That’s why God changed his name into Israel! He run away with nothing and came back rich and strong. He made peace with his brother and succeeded in settling in his father’s land. He grew twelve children all of whom followed the paths of his forefathers, remaining faithful to God. This is a task in which both Avraham and Yitzhak did not succeed! (Yishmael, Zimran, Yokshan, Medan, Midian, Yishbak, Shuah and Esav are the evidence). He found his beloved son, whom he believed dead.

Isn’t Yaakov aware of his success in life? He is, indeed; he knows it very well. He even thanks God for this: “I am not worthy of all the mercies, and of all the truth, which You has shown unto Your servant” (Gen. 32:11). Nevertheless, these positive facts in his life are not enough to calm the pain of his soul. There is an unfathomable difference between what others see from the outside and what a person feels and experiences form the inside. Yaakov has a deep internal feeling that his life is bad. Trying to convince him that he is all right by showing him his achievements, is tantamount to tell him his feeling is not correct. But his feeling is strong and true! This kind of encouragement only increases the breach between his internal and external worlds. This only causes him more pain.

Few and bad have been the days of my life”. It is from that point onwards, and not going against this statement, that one can help Yaakov to take a different look at his life and at his soul. Only by understanding this painful position we can help whoever expresses, like Yaakov: Few and bad have been the days of my life.

Parashat Miketz

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A Shimón, no se lo escucha.

Iosef, el importante visir de Egipto, fuerza a sus hermanos a dejar a uno de ellos como rehén y elige a Shimón. Aparentemente, no hay quejas, ni oposición, ni súplica de los hermanos o de Shimón.

Cuando los hermanos, hace trece años, arrojaron a Iosef al pozo tampoco oímos ninguna queja, ni clamor, ni súplica. Iosef también calló.

¿Fue realmente así?

En nuestra parashá descubrimos finalmente que Iosef sí clamó, sí suplicó a sus hermanos… pero ellos no lo escucharon: “Somos culpables por nuestro hermano,  vimos su angustia cuando clamó a nosotros pero no escuchamos” (Gen 42:21). ¿Por qué la Torá no nos dijo en la Parashá Vaiéshev que Iosef habló y suplicó?  Quizá para que nosotros sintiéramos directamente la indiferencia de los hermanos. Iosef clama y nosotros, al igual que sus hermanos, no lo oímos. La Torá nos transmite su enseñanza de manera vivencial y dura.

Quizás Shimón también implore y clama, pero ellos no están dispuestos a escucharlo.

La dificultad de escuchar, la dificultad de aceptar la voz del prójimo, es un tema central en las relaciones entre los hijos de Iaakov.

En este momento, rememoran frente a Iosef el clamor del hermano menor que arrojaron al pozo y a quien no quisieron oír. Hablan entre ellos y aún hacen caso omiso a la presencia del otro. Iosef oye, Iosef entiende, y ellos no lo toman en cuenta, ya que suponen que no los comprende. Y si no comprende, no tiene importancia. ¡Hablemos frente a él sin tenerlo en cuenta!

Iosef, en cambio, está atento a los problemas de los demás. Está atento al prójimo y abierto a oír (escuchar y comprender). Es por ello que tiene la capacidad de interpretar sueños, que son la lengua oculta de Dios y del alma.

Los hermanos están ocupados cada uno en sí mismo y no están disponibles espiritualmente para darle al prójimo un espacio existencial: Iosef está allí y ellos no lo reconocen. Shimón está allí, pero ellos no lo oyen. Iaakov exclama: “Ustedes me están dejando sin hijos. ¡Iosef ya no está con nosotros, ni Shimón tampoco, y ahora van a llevarse a Biniamin!” (Gen 42:36), mas los hijos no son capaces de entender su demanda. ¡A tal punto que Reuvén propone agrandar el daño!: “Puedes matar a mis dos hijos”… ¡son los nietos de Iaakov! ¡En lugar de tres, Reuvén propone agrandar la pérdida a cinco!

La prueba de Iosef los obliga a sentir en carne propia lo que es no ser escuchado. Ellos le dicen quiénes son y cuáles son sus intenciones, pero él hace como si no escuchara y decide que son espías: “Nosotros, tus siervos, nunca hemos sido espías… Somos doce hermanos, hijos de un buen hombre” (Gen 42:11-13) Ninguna explicación es válida: “¡Tal como les dije! ¡Ustedes son espías!” (Gen 42:14). Ellos sienten la desesperanza de aquél que habla y no es oído.

La larga y difícil prueba que Iosef los obliga a pasar, produce en ellos una revolución espiritual y les hace comprender lo que no habían entendido hasta ahora. Comienzan a escucharse los unos a los otros, salen de la burbuja que los mantenía aislados y son capaces ahora de ver la existencia del otro.

Esta revolución espiritual es la base del desarrollo del pueblo de Israel, el pueblo que está preparado a recibir la Torá, a oír la voz de Dios, a elevar la existencia de la humanidad a un nivel de respeto positivo y a leer, por la noche y por la mañana, para escuchar y comprender.

Parashat Vaieshev

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Generalmente, le damos poca importancia a las pequeñas acciones y a las palabras dichas al pasar. Como si no tuvieran influencia. Como si consecuencias cruciales dependieran sólo de hechos importantes y reflexionados. Como si los cambios drásticos de la historia estuvieran solo en manos de personas famosas, experimentadas y conocidas en el área en donde se produce el gran cambio. Esta es una opinión bastante difundida.

Nuestra parashá nos muestra una realidad diferente. Mucho más trivial, mucho más cotidiana, mucho más “nuestra”. Una realidad que parece casual… aunque no lo es.

Iaakov envía a Iosef a buscar a sus hermanos, que sacaron a pastar el ganado de su padre en Shejem. Iosef no los encuentra. Deambula por la zona pero no logra ver a dónde fueron.

Hasta aquí, se trata de una situación que podría también sucedernos a nosotros: quedamos en encontrarnos con alguien en un lugar, pero nos desencontramos. ¿Qué hacemos? Esperamos, buscamos y después de un cierto tiempo, nos vamos. Esta vez no nos vimos; ya lo haremos ulteriormente.

En la Parashá, sin embargo. Iosef se topa con un hombre anónimo, cuyo único rol es preguntarle “¿qué precisas?” Es decir, “¿Se te perdió algo? ¿Te perdiste? ¿Puedo ayudarte?” Un hecho cotidiano, sencillo, amable pero sencillo. Una acción realizada por una persona anónima. Un hecho que no debería ser la base de una revolución sustancial. “Fueron a Dotán”, ése es todo el aporte que este hombre anónimo hace al relato.

¿Realmente?

Pues bien, si este hombre no se hubiera interesado en Iosef y no le hubiera dado esa información casi trivial, Iosef no hubiera sido vendido a Egipto, ni hubiera llegado a ser visir, ni hubiera traído a su padre y a sus hermanos a la diáspora en
Egipto; nosotros no hubiéramos caído en la esclavitud en una tierra extraña, ni hubiéramos sido rescatados, ni hubiéramos recibido la Torá en el monte Sinaí, ni hubiéramos entrado en la Tierra Prometida y nuestra esclavitud no hubiera sido ejemplo y base de mitzvot tan fundamentales para la civilización judía como Shabat, amor al prójimo, respeto por el esclavo y pago de indemnización por la esclavitud, justicia judicial, justicia para los desprotegidos, justicia social y ayuda al necesitado.

Es por este hombre anónimo y su ínfima acción que nuestra historia se desarrolló como se desarrolló.

El Santo Bendito es Él ya le había dicho a Abraham que su simiente sería esclava en una tierra extraña y que Él redimiría a sus descendientes. Pero en esa ocasión no determinó ni el lugar, ni el tiempo, ni la forma en que se desarrollarían los hechos, quiénes exactamente estarían implicados y cómo reaccionarían. Todo esto estaba en manos de los seres humanos.

Y ese hombre anónimo, con su acción trivial, cambió la historia.

Todos nosotros somos ese hombre anónimo: jamás debemos despreciar la importancia de lo que cada uno de nosotros puede hacer y no hemos de olvidar la potencia de nuestras palabras: su fuerza constructiva y su poder de destrucción.

Parshat Va-Ishlaj

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Llegamos a lo de tu hermano Esav y él también viene hacia ti junto con cuatrocientos hombres” (Génesis 32:7 (6) )

¿Qué transmitieron, de hecho, los enviados de Iaakov? Una conocida interpretación dice que Esav iba en pie de guerra: “Llegamos a lo de tu hermano, pero él se comporta como Esav, quien te odia” (Bereshit Raba, Pseudo-Ionatán, Rashi, Radak). Otros consideran que el informe se limitó a los hechos mismos: “Él viene a verte al igual que tú vas a verlo a él” (Ibn Ezra, Najmánides). Otros exégetas ven aquí la alegría del rencuentro: “Esav llega con un gran cortejo para recibir a su hermano con alegría y fanfarria” (Rashbam, Jizkuni).

¿Cómo se ha de transmitir una noticia? ¿Cómo se le da a alguien el mensaje de un tercero?

Si bien no hay una sola manera, no hay un método único, existen tres características básicas que deben ponerse en juego: visión objetiva, empatía y control de la sensibilidad emocional.

Visión objetiva: basarse en hechos, sin agregar u omitir datos.

Empatía: intentar comprender lo que siente quien recibe la noticia, sin comprometerse afectivamente. Los afectos y las emociones pueden llevarnos a no comprender los sentimientos de nuestro prójimo y a ocuparnos, más bien, de nuestros propios sentimientos, reaccionando sólo según ellos.

Control de la sensibilidad emocional: comprender los procesos afectivos por los que pasamos para evitar la intromisión de nuestros sentimientos. Nuestros sentimientos pueden llevarnos ya a reaccionar de manera fría y distante (pues la noticia nos resulta insoportable), ya a la sobreexcitación, o bien a decidir no revelar información que nos resulta dura (consideramos que revelarla sería una crueldad para con el oyente). En otras palabras, nuestros sentimientos nos impiden comprender los sentimientos del otro, encandilan nuestro espíritu y pueden llevarnos a reaccionar de manera paternalista (“mis sentimientos saben mejor lo que él o ella necesitan”). Por otro lado, no debemos ni anular ni neutralizar nuestros sentimientos, ya que el desafío aquí es controlarlos.

Estas tres características deben conjugarse al transmitir una noticia, ya sea buena o mala. Si ponemos en acción tan sólo una de ellas, corremos el riesgo de transmitir un mensaje incorrecto, inapropiado y cuyas consecuencias pueden ser desastrosas; aún teniendo la mejor de las intenciones… como los envidos de Iaakov.

Ellos fallaron en dos de las tres características. Fueron objetivos en su informe, pero no fueron empáticos, ni midieron el alcance de sus sentimientos. Describieron hechos sin tomar en cuenta la situación de Iaakov, su difícil relación con Esav, sus miedos, la amenaza de muerte por la que tuvo que huir del lugar al cual está regresando ahora. Quizás sintieron que sería mejor que Iaakov no regresara a su tierra. Quizás estaban llenos de inquina contra Esav. Quizás intentaron no influir sobre Iaakov y sólo se limitaron a algo objetivo. Sea como fuere, no pusieron en juego una sensibilidad emocional acorde a la situación de Iaakov.

Sólo transmitieron hechos desprovistos de contexto. Una hiperobjetividad, que de hecho no fue objetiva, ya que omitió el contexto, que forma parte integral de la realidad.

Así, dieron lugar a que los miedos y las sospechas de Iaakov tiñeran la información con gamas de destrucción y perdición. Lo invadió la angustia del ayer, impidiéndole juzgar la realidad actual, realidad que es totalmente diferente.

No es fácil poner en marcha estas tres características para transmitir una noticia. Difíciles en especial son la empatía y el control de la sensibilidad emocional. Empero, renunciar a ellas es equivalente a desentenderse de la enorme responsabilidad de ser emisario.

Purim katán

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Mishenijnás Adar marbim besimjá”: Desde que empieza Adar tenemos que aumentar la alegría. Los sentimientos son espontáneos ¿podemos entonces alegrarnos sólo porque tenemos el deber de hacerlo? No. Esto nos enseña que conviven en nosotros permanentemente los sentimientos encontrados: la angustia y la alegría, la tristeza y la felicidad. Como cuando Yaakov estaba por rencontrarse con su hermano Esav: por un lado estaba la alegría del rencuentro, del regreso, y por otro lado el temor y la angustia. El Zohar nos explica (Vaishlaj 48-49):

Yaakov era el árbol de la vida ¿por qué temía? Esav no podía realmente dominarlo. Es más, también está escrito: ‘Yo estaré contigo y Te protegeré por donde andes’ (Gen. 28:15), ¿por qué tenía miedo? Además está escrito: ‘lo alcanzaron ángeles de Dios’ (Gen. 32:2), y si lo protegían los santos ángeles, ¿por qué temía? Todo esto es cierto, pero Yaakov no quería encomendarse a los milagros de Dios porque no se consideraba digno. A pesar de que la persona sea justa, debe temer y clamar a Dios en su oración, como está escrito (Proverbios 28:14) ‘Bienaventurado el hombre que teme siempre, mientras que quien endurece su corazón caerá en desgracia

El santuario, Dios y nosotros

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Cuando Moshé le transmite al pueblo de Israel las órdenes de Dios referentes al Mishkán, el Tabernáculo del desierto, qué hacer y cómo hacerlo, la Torá repite los mismos datos de los que ya había hablado diez capítulos antes. La parashá Va-iakhel parece copiar de forma rutinaria la parashá Terumá.

Sin embargo, hay una pequeña omisión, una pequeña frase que Moshé no transmitió:

Ve-asú li mikdash ve-shajantí betojam”, “Me harán un santuario y residiré entre ellos” (Éxodo 25:8).

¿Cómo es posible que algo tan importante, el motivo y la meta mismos de la construcción del Tabernáculo, se le haya escapado a Moshé de la memoria?

Quizás no se le olvidó.

Quizás Moshé nos dio la interpretación de lo que tiene que ser esta construcción.

Veamos: Dios le dijo a Moshé, antes de darle la lista de lo que hay que construir: “Me harán un santuario y residiré entre ellos”. Y Moshé, antes de transmitirle al pueblo las instrucciones de la construcción, les dijo: “Durante seis días se hará la labor, pero en el séptimo día habrá para vosotros algo sagrado (“ihié lajem kódesh”)” (Éxodo 35:2)

Moshé no dice que el séptimo día habrá de ser sagrado, sino que EN el séptimo día (“U-VAiom hashevií”) habrá para vosotros algo sagrado (“ihié lajem kódesh”).

Ese es el santuario, el Mikdash (Kodesh y Mikdash derivan de la misma raíz en hebreo) que hay que construir para que Dios esté entre nosotros, Ese es el verdadero Templo ambulante, el verdadero lugar sagrado. No es un lugar físico: es el Shabat,  una isla dentro del tiempo construida con nuestra alma, poniendo entre paréntesis la semana de corridas, de preocupaciones, de deseos, y dando lugar a una dimensión diferente, que nos revela su sacralidad.

Moshé nos enseña que la orden de Dios: “Me harán un santuario”, quiere decir: “En el séptimo día habrá para vosotros algo sagrado”, que nosotros mismos debemos construir para que Dios residen en medio de nosotros: “y residiré entre ellos”.

Seamos buenos constructores de lo sagrado